Villaviciosa acaba de estrenar una Casa de Encuentros de Mujeres. Creo que es una buena noticia, siempre que el espacio físico se llene de iniciativas y de contenidos, lo que requiere mucho trabajo y dinero en divulgación para conseguir que las mujeres acudan y conozcan las políticas de igualdad de oportunidades entre géneros. Sería ideal que llegara a las mujeres de los pueblos, doblemente aisladas e ignoradas. Sí, ya sé que vivimos en la era de la información global, pero aún hay mucha gente, en especial mujeres, que creen que ese progreso no va con ellas o que no les pertenece. Están convencidas de que lo suyo es sufrir y sobrevivir. Hubo un tiempo en que era la Iglesia la encargada de recordárselo; también sus maridos, así que ese estigma está en los genes y requiere esfuerzo extra para cambiarlo.
En nombre de la red europea de mujeres periodistas, acabo de presentar la candidatura de CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer , Asociación Civil) al premio «Príncipe de Asturias» de Comunicación y Humanidades. Se trata de una agencia mexicana de comunicación, creada en el año 1988, y que intenta incorporar los derechos humanos de las mujeres en el trabajo diario de los periodistas. Quiere que los medios de comunicación sirvan para ayudar a la transformación educativa y social de la población, más allá de la mera noticia. Algo así como si LA NUEVA ESPAÑA divulgara de forma periódica las iniciativas y los programas de la Casa de Encuentros de la Villa y animara a la participación.
No estaría mal que los medios de comunicación de este país reflexionaran sobre las cosas que pueden hacer en favor del colectivo femenino, llevándolo al primer plano que le corresponde. Lamentablemente, las mujeres sólo suelen ser noticia cuando las matan, y esto se constata a diario en periódicos, radio o televisión.
La Iglesia , desde sus púlpitos, también podría hacer mucho en este campo. Recuerdo una homilía que le escuché en el año 1996 en la misión de Aguarico (Ecuador) al joven sacerdote Amadeo Artime (fallecido en Pola de Laviana) en la que les recalcaba a los hombres que las mujeres eran seres humanos y no se las podía maltratar.
Pero si desde el púlpito no están por la labor y desde los medios no sabemos hacerlo, pues buenas son las casas de encuentros. |