Con esta declaración deseamos recordar a la opinión pública que, hace un año, Ana Politóvskaya, una de las más destacadas periodistas rusas, fue asesinada en el centro de Moscú, en frente del edificio en el que vivía. Era conocida por su crítica dura e inflexible al sistema estatal y al Presidente Putin y su guerra en Chechenia, a la que se refería como la consolidación del orden constitucional en Chechenia . Ana insistía en que ésta era, de hecho, una guerra contra la población civil. Hasta hoy, no se ha encontrado a sus asesinos, aunque está bastante claro que ella fue una víctima del estado de terror de la maquinaria estatal de muerte de Putin. Las fuerzas de seguridad, los mismos escuadrones de la muerte que habían estado matando civiles chechenos, mataron también a Ana. El asesinato de una periodista fue un hecho decisivo en el momento en que la Rusia de Putin proseguía una trayectoria de políticas represivas y de régimen totalitario.
El Comité para la Protección de los Periodistas, ubicado en Nueva York, señala que Politóvskaya era la cuadragésimo segunda periodista asesinada en Rusia desde la caída de la Unión Soviética y que ésta era la duodécima en una serie de muertes que se han estado sucediendo desde el año 2000, cuando Vladimir Putin accedió al poder.
En esta ocasión, expresamos nuestra solidaridad con nuestras/os amigas/os, las/los pacifistas y antimilitaristas rusas/os, las/os activistas anti-Putin y anti-nacionalistas, así como con el movimiento de paz de Chechenia.
Rehusamos aceptar cualquier similitud entre Serbia y Rusia, nosotras rechazamos ambos nacionalismos, porque los dos países han estado persiguiendo al otro, al que es diferente, especialmente a los periodistas y defensores de los derechos humanos y a los activistas de la paz comprometidos con una ruptura radical con el pasado criminal organizado por el estado. Nos negamos a convertirnos en una provincia rusa. Nosotras, por la presente, exigimos a las autoridades rusas que los organizadores, instigadores y ejecutores del asesinato de la periodista Ana Politikovskaja sean condenados de la forma más severa.
Al otro lado del mundo, la junta militar en Birmania que lleva en el poder desde 1966, ha tomado duras medidas de brutalidad militar y policial contra las manifestaciones pacíficas lideradas por monjes budistas. Los militares han arrestado a los participantes de dichas reuniones y los han torturado en las cárceles, mientras que a los monjes les han recluido en sus pagodas.
Queremos que la opinión pública recuerde el hecho de que la anterior alianza estatal de Serbia y Montenegro exportaba armas a Myanmar, a pesar de las sanciones de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Durante 2004, se vendieron 36 obuses de fabricación local a Myanmar, y otro contingente de 54 obuses en 2005. Yugoslavia comenzó a exportar armas, la industria de la muerte, a Myanmar, ya en 1953, y esta práctica ha sido ininterrumpida, apoyando así al régimen represivo de la junta en la represión de los cambios democráticos.
Exigimos al Estado de Serbia que admita su responsabilidad por la violación de las sanciones de la Unión Europea y que se castigue a las figuras responsables del Ministerio de Defensa.
Exigimos a las autoridades militares en Birmania que abandonen el poder y que respeten la voluntad de los ciudadanos expresada en las elecciones de 1992, que Aung San Suu Kyi ganó. Exigimos al régimen militar en Myanmar la liberación inmediata e incondicional de Aung San Suu Kyi, la líder de la oposición, de su arresto domiciliario.
Todas las personas que deseen unirse a nuestra concentración pueden hacerlo el Lunes, 8 de octubre de 2007, en la Plaza de la República , de 14 a 15 horas, de negro y en silencio, en una acción de solidaridad internacional con estos dos movimientos de resistencia no violenta. |