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Fotos i text: Susana Oñoro

 
 

Temporada de verano 2008. La marea le indicaba que su jornada de trabajo comienza a las 08:00 de la mañana. Encarna no tuvo que preocuparse por llevar a los niños al colegio. Eran las vacaciones de verano y como buenos adolescentes disfrutaban enredándose entre las sábanas hasta pasado el mediodía. Ella pudo hacer su jornada laboral sin interrupciones, una media de 4 horas en las que recogió 20kg de berberecho, 10 de almeja japónica y 3 de almeja fina.

El día estaba soleado, no hacía frío ni viento. Encarna cumplió con su trabajo incluso antes de lo que esperaba. 11:00 a.m. Con su cesto lleno de marisco se dirigió al puesto de control, lo pesó y se lo llevaron a la lonja. Las cosas han mejorado mucho desde que la Cofradía de pescadores a la que pertenece decidiera comprar un camión para facilitar el transporte de la recolección desde la playa a la lonja. Lejos quedaron los días en los que las mujeres caminaban kilómetros con los cestos llenos de mariscos sobre sus cabezas. 11:30 a.m. En la lonja seleccionó el marisco junto a su madre, Encarna Sanisidro Fariña que con más de 40 años de experiencia le ha enseñado mucho de esta profesión. Ahora está todo informatizado: cada kilo, cada especie, el nombre de la recolectora, el del vendedor y el del comprador. Todo listo para la venta. 12:30 p.m. Había terminado su jornada, era momento de ocuparse de su hogar, de sus hijos y, sobre todo, de ella misma.

 

 

 

Encarna Olveira Sanisidro lleva 9 años madrugando para ir al encuentro del mar y sus tesoros. Es mariscadora de a pie una profesión con nombre de mujer que, hoy por hoy, está a la altura de cualquier otra profesión. Las cifras así lo demuestran, más de 5.000 mujeres gallegas son profesionales del marisqueo a pie y sólo en el 2007 el sector aportó unos beneficios de casi 75 millones de euros. La trascendencia es innegable y se calcula que por cada empleo generado en las playas gallegas se crean en torno a cuatro empleos más en tierra
 
 
   
 

Las mariscadoras de a pie hace ya tiempo que tomaron conciencia de su fuerza y valía como profesionales y desde hace años vienen protagonizando un proceso asociativo que está dando consistencia a un sector, que ha dejado de ser una actividad complementaria a la economía familiar, para pasar a ser un medio de vida cada vez más valorado. Más allá de lo tópico e idílico de esas siluetas femeninas que pueblan las rías gallegas, las mariscadoras se han convertido en un puntal de la economía, la sociedad y la cultura de Galicia.

   
 

Una profesión en femenino

   
 
 
La imagen de su madre recogiendo el marisco en la playa la tiene Encarna grabada en sus retinas desde que era cría, cuando ya en aquel entonces la acompañaba a la recolección. Para ella marisquear es una labor de siempre, pero una profesión joven impulsada por la propia mujer desde el momento en el que tomó conciencia de la dignidad de la profesión

Marisquear es una profesión en femenino, una profesión de mujeres.
 
   
 
Mientras los hombres se embarcaban en alta mar, las mujeres se encargaban de las labores del hogar y del marisqueo que constituía en la mayoría de los casos una forma de trueque para conseguir productos de primera necesidad. No había derechos, ni deberes, ni organización, ni sentimiento de colectivo. Sin embargo, hoy la realidad es otra.

Las propias mariscadoras definieron su profesión y no sólo, como la mera labor de ir a la ría a recoger la mayor cantidad posible de marisco, sino que ahora, la actividad consiste en ir a recolectar aquello que más beneficio les va a dar en la venta. La actividad complementaria se transforma así en una actividad con rentabilidad económica. Importa la calidad no la cantidad. Se pasa de la extracción al semicultivo, lo que implica un cambio en el modo del trabajo y en la organización: las mariscadoras no sólo recolectan sino que también crían, siembran, limpian las playas, oxigenan la arena y, vigilan contra el furtivismo.   
   
 

Sostenibles medioambientalmente

   
 
El marisqueo a pie consiste en la extracción de bivalvos en las playas. Las artes que se utilizan son básicamente las mismas que se han venido usando desde hace años: un rastrillo, un gancho y un cubo, a las que se les ha sumado recientemente el medidor, imprescindible para el control de la talla mínima del marisco. La reciente profesionalización ha organizado el trabajo sin que ello afecte a las formas y técnicas de extracción, lo que ha hecho que las mujeres se incorporen a la cadena de comercialización y consumo sin perjudicar por ello al medio natural.
 
 
   
 

Pero no sólo el uso de artes respetuosas con el medio ambiente hace de esta profesión una actividad sostenible. Diariamente las cofradías determina la cantidad de marisco que cada una de las mariscadoras puede recolectar, son los llamados cupos. Saben que el marisco es su fuente de riqueza y si quieren asegurarse un futuro tienen que respetar en el presente. “En la Cofradía de Pobla do Caramiñal, todo aquello que es excedente de los topes de recolección que nos planteamos diariamente lo volvemos a llevar al mar” Encarna tiene perspectiva de futuro y sabe que respetar hoy es riqueza para mañana.

   
 
 

En Galicia se cultivan, fundamentalmente la almeja babosa (Tapes pullastra), la almeja fina (Ruditapes decussatus), la almeja japónica (Ruditapes philippinarum), la almeja rubia (Tapes rhomboideus), berberecho (Cerastoderma edule) entre otros bivalvos.

Con la profesionalización la actividad extractiva dependiente de los ciclos biológicos naturales ha evolucionado a un semicultito que permite el control de la cantidad de producción anual.

 
   
  Se establece una planificación en la siembra que pasa por el cuidado de los fondos; el control de los depredadores; la oxigenación del fondo arenoso; la recolección de la población cuando sea excesiva y siembra de ejemplares juveniles. La cooperativa de gallega de Ría de Arosa, ha conseguido, después de años de trabajo, consolidar todo un sistema de cría, siembra y recolección de la zona Abanqueiro en A Coruña. Es la primera cooperativa de la zona y sus resultados son inmejorables.
   
 

Un trabajo como otra cualquiera

   
 

Aunque la media está en 9.000 euros, hasta 12.000 puede llegar a cotizar una mariscadora en un año. Unas cifras nada despreciables para unas profesionales autónomas cuya jornada de trabajo no sobrepasa en la mayoría de los casos las 4 horas y cuyo calendario laboral anual no excede la media de los 100 días. Para Encarna no cabe duda que la vida hoy en día está muy cara, y muy pocas familias pueden vivir con un sólo sueldo, pero las condiciones en las que, hoy por hoy, se desarrolla la profesión del marisqueo a pie proporciona a muchas mujeres la autonomía necesaria y suficiente para consolidar su rol dentro del núcleo familiar.

Cada vez es mayor el número de mujeres jóvenes que deciden entrar y hacer carrera en la profesión del marisqueo a pie.

 
 
   
  Ya no se mira a esta labor como un comodín inestable al que agarrarse en momento de necesidad, sino que muy al contrario, las perspectivas de seguridad laboral son cada vez más sólidas haciendo del marisqueo un trabajo muy atractivo para muchas mujeres. En el caso de las cofradías como la de Pobla do Caramiñal o  Cabo de Cruz, en A Coruña, donde las mujeres tienen que esperar largas listas de espera para conseguir una plaza
   
 
 
¿Todas las mujeres pueden ser mariscadoras? En un principio sí; pero siempre y cuando hayan asistido a los cursos de formación impartidos por la Xunta de Galicia, se hayan dado de alta en el Régimen Especial del Mar y obtengan el título administrativo conocido como Permex, un documento nominativo e intransferible que otorga el permiso de explotación a cada una de las mariscadoras y que deberá ser renovado anualmente. Esta renovación solo podrá ser efectiva en el momento en el que la mariscadora haya trabajado el 70% de los días del calendario establecido por la cofradía y realizado el 100% de las jornadas de limpieza.
 
   
 

Empoderamiento de la mariscadora gallega

   
 

Con todo esto, la voz de las mariscadoras al unísono ha conseguido, hoy por hoy, el estatus y la autoridad que se merece. En las lonjas ya no son los compradores los que tienen el poder, sino estas mujeres que dibujan sus siluetas sobre las playas gallegas tras la salida del sol. Son ellas las que conocen bien la profesión, ellas las que saben cuál es el marisco de calidad y donde encontrarlo, ellas las que controlan los procesos de crecimiento de los bivalvos y ellas, en definitiva, las que deciden llevar o no, ese material a las lonjas.

 
 
   
  Si los compradores se compinchan y bajan el precio del marisco en la lonja, las mariscadoras saben retomar el control, ni recogen tanta cantidad ni de tan buena calidad.

En un mercado el kilo de almeja fina se puede vender a más de 40 euros el kilo, seguramente no sobrepasó 14 euros en la lonja de Pobla do Caramiñal y con toda certeza duplicará su precio servido en la mesa de un comensal deseoso de degustarlo.
   
 
 

El precio multiplica su salida inicial, y en esto las mariscadoras no pueden hacer mucho, el número de intermediarios de la cadena es elevado: recolectoras, trabajadores de la lonja, especuladores, depuradores, mercado central desde dónde pasa de nuevo a otra subasta, todo un largo proceso en el que es muy difícil intervenir. Pero ahora el precio de venta en la lonja ya no está sujeto al tejemaneje de unos pocos compradores que se beneficiaban del trabajo de muchas mujeres, ahora el poder colectivo de las mariscadoras determina la salida del producto.

 
   
 
Con esto las mariscadoras han dejado de estar a la sombra de un sistema basado en relaciones caciquistas, para pasar a primera línea y brillar con luz propia. Un cambio de mentalidad que ha traspasado las fronteras de lo estrictamente profesional, para llegar a fortalecer la propia identidad de muchas de estas mujeres.
   
 

María Josefa Queiro es mariscadora desde hace 7 años, entró a la profesión ya mayor con la idea de poder cotizar para así el día de mañana no ser una carga para sus hijos. Pero, a parte de su rentabilidad económica, ha descubierto una faceta de su identidad hasta ahora desconocida “ahora tengo hasta más lengua frente a mi marido, antes tenía que agachar siempre la cabeza, pero ahora ya no me callo, ahora tengo más independencia, y fíjate que el otro día me preparó la comida y hasta me puso el vino, porque se me hizo tarde aquí en el trabajo y yo estaba muy cansada”.

 
 
   
 

Pero el recorrido no ha sido fácil, y de hecho “lo más difícil ha sido que las mariscadoras más veteranas asumieran los cambios”, Encarna, además de mariscadoras es vicepatrona de la Cofradía de Pobla do Carabiñal y trabaja mano a mano con ellas, sabe que, poco a poco, van interiorizando el cambio, sobre todo, porque “ellas mismas van viendo que los cambios son para mejor, que estamos mejor, que trabajamos mejor y que de ello no beneficiamos todas”, señala Encarna.

   
 

Jubilación anticipada un gran logro de la profesión

   
 
  “A mí me quedan dos años”, “yo aún tengo que trabajar 6 más para poder jubilarme antes”, “yo seguiré trabajando hasta el final, me encuentro aún bien y quiero venir a la playa”… todas las mariscadoras tiene algo que decir en cuanto se habla de la jubilación anticipada y no es para menos. La profesión del marisqueo a pie, a pesar de sus grandes avances sigue siendo una labor realizada en condiciones que indudablemente provocan mella en la salud de la mujer.
 
   
 

Años de reivindicación, por parte de las organizaciones marisqueras, solicitando la jubilación anticipada para aquellas profesionales que lo deseen, se vieron recompensados cuando finalmente se incluyeron los coeficientes reductores en la ley que regula esta actividad, lo que suponía la posibilidad de jubilarse antes de la edad establecida como norma general, los 65 años. Por primera vez se reconoce a esta profesión la necesidad de acortar la vida profesional en aras de una mejor salud e integridad de sus profesionales.

A este gran logro, se le suma otro que se consumó el pasado 10 de agosto, cuando la Consellería de Pesca e Asuntos Marítimos hacía pública una orden, por la que se establecían las ayudas para que las mariscadoras de a pie puedan completar los periodos mínimos de cotización establecidos en el Régimen Especial de los Trabajadores del Mar.

   
 
“Esto es un gran avance para nosotras y nuestras mariscadoras lo que representa el reconocimiento de años de trabajo en protección y mejora de las condiciones laborales de muchas mujeres gallegas” explica Natalia Laíño, presidenta de la Asociación Gallega de Mariscadoras (AGAMAR).

La alegría de los colectivos del sector no es para menos, ya que, uno de los problemas con los que se encontraban muchas mujeres mariscadoras era que no alcanzaban el tiempo mínimo de cotización en la Seguridad Social, 15 años.
 
 
   
 
Muchas de las más de 5.000 mariscadoras llevan toda la vida bajando al mar, pero solo cotizando desde 1995 cuando la profesionalización del sector se hace efectiva. La ayuda por parte de la administración gallega es un gran reconocimiento a esta mujeres.
   
 

Un largo camino recorrido que aún no ha llegado a su fin

   
 
 

Desde que comenzara el proceso de profesionalización del sector, la labor del marisqueo, aún manteniendo técnicas artesanales de recolección ha conseguido un aumento de hasta el 30% de sus beneficios. Es indudable el gran avance que las mariscadoras han realizado en los últimos años, un avance que se ha podido materializar gracias al esfuerzo y el trabajo conjunto de muchas mujeres con carácter y determinación. La mejora laboral las mariscadoras ha proporcionado mayores cuotas de libertas y de poder, no sólo para las profesionales del sector, sino para todo el conjunto de mujeres profesionales.

 
   
   
   
   
   
   
 
   
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